La Fundadora
Mayka, La Fundadora
Mientras Adair sanaba a través del arte, yo buscaba mi propio camino. La vida me llevó por caminos que nunca podría haber imaginado — cada uno un desafío, cada uno un maestro. Siempre necesité trabajar con pasión; cada trabajo que tuve, lo tuve porque lo amaba. Cuando surgió la idea de crear una marca, se necesitó mucho valor para creer que eso era posible para mí. El mundo ordinario no parecía tener lugar para mí. Así que decidí construir uno.
Al tomar esa decisión, comencé a reconectarme con mi infancia — y a recordar. Mi memoria no siempre es amable conmigo; el trauma tiene su propia forma de llevarse las cosas. Pero recordé esto: de pequeña, ya dibujaba ropa, inventaba historias sobre ella para mi hermana pequeña — que siempre ha sido mi luz. Esa niña nunca dejó de crear. Reconectarme con ella me lo dio todo.
Saudade nació de esa necesidad — y de algo antiguo. La ropa, para mí, no es solo tela. Es un recipiente. Mi pieza insignia, un kimono diseñado como capa protectora de energía, se inspira en la sabiduría andina y el Chakana — la cruz sagrada de los Incas, que representa los tres mundos: el superior, el interior y el exterior. Un recordatorio de que somos energía, que estamos conectados y que siempre podemos elegir elevarnos.
Saudade — la propia palabra — no tiene traducción directa. Es el profundo anhelo de conexión genuina, la energía que une los corazones. Puede ser nostalgia, amor, incluso dolor — siempre profundo, siempre expansivo. Es la aspiración de una conexión auténtica con nosotros mismos, con la naturaleza, con el universo. En eso se basa esta marca. No en una tendencia. En un sentimiento que siempre ha existido y que finalmente encontró un hogar.
Cuidar a las personas que amo siempre ha estado en el centro de quién soy. Cada decisión que he tomado apunta hacia el mismo sueño — y ese sueño ha crecido mucho más allá de una marca de moda. Es hoy el proyecto Saudade.
“Si estás leyendo esto, ya eres parte de esto.”